En el marco del Día Mundial del Consumo Responsable, especialistas destacan que la sostenibilidad no depende solo de los hábitos individuales, sino de una transformación profunda en las cadenas de suministro. En la Ciudad de México se generan diariamente más de doce mil toneladas de residuos sólidos, lo que representa un promedio de 1.4 kilogramos por persona. Ante este panorama, sectores clave como la logística han comenzado a implementar modelos de economía circular para reducir el desperdicio de recursos y optimizar el transporte de mercancías mediante el uso de empaques reutilizables.
Uno de los modelos con mayor relevancia es el pooling logístico, que consiste en compartir, reparar y reutilizar activos en lugar de fabricar materiales de un solo uso. Samantha Rodríguez, representante de sustentabilidad de la empresa CHEP, señala que el consumo responsable también implica repensar cómo se transportan los productos. A través de este sistema circular, se ha logrado evitar el uso de millones de metros cúbicos de madera virgen y se ha optimizado el consumo de agua a nivel global, demostrando que la eficiencia operativa puede ir de la mano con el cuidado ambiental.
Además de los esfuerzos industriales, la participación ciudadana es fundamental para disminuir la presión sobre los sistemas de recolección de basura. Expertos recomiendan acciones cotidianas como elegir productos con menor huella ambiental, comprar localmente para reducir emisiones por transporte y priorizar la reparación de objetos antes que su reemplazo. Estas prácticas, sumadas a iniciativas de logística solidaria que apoyan a bancos de alimentos, fortalecen una cadena de responsabilidad compartida que beneficia tanto a la economía como al entorno natural.
El futuro de la producción y el consumo en México reside en la capacidad de colaborar bajo modelos regenerativos. Al integrar inteligencia logística y decisiones de compra informadas, es posible transitar hacia un sistema que no solo busque consumir menos, sino consumir mejor. La meta es consolidar procesos que extiendan la vida útil de los materiales y aseguren que cada eslabón de la cadena, desde la fábrica hasta el hogar, contribuya a un impacto positivo para el planeta y las próximas generaciones.




