La creciente inestabilidad climática y el aumento de temperaturas extremas se han convertido en un desafío clave para la logística en carga refrigerada. En regiones como Latinoamérica, donde las estaciones han perdido parte de su regularidad histórica, las empresas de transporte enfrentan mayores exigencias para mantener la continuidad de la cadena de frío y controlar sus costos operativos.
Aunque los eventos astronómicos como equinoccios y solsticios siguen ocurriendo en fechas previstas, el comportamiento del clima es cada vez más impredecible. Esta situación obliga a las flotas a operar bajo condiciones más exigentes, en las que la eficiencia energética deja de ser únicamente una meta ambiental para convertirse en una necesidad operativa y financiera.
De acuerdo con José Carlos Gómez, director de Ventas LAR Norte de Thermo King, las condiciones climáticas extremas evidencian los puntos débiles de la operación logística. “Las flotas que no gestionan bien su consumo enfrentan mayores costos, más mantenimiento y riesgos operativos”, señaló.
Mayor consumo energético y presión sobre las baterías
Durante periodos de temperaturas extremas, los sistemas de refrigeración deben trabajar con mayor intensidad para mantener los niveles adecuados dentro de las unidades de transporte. Al mismo tiempo, aumenta el uso de accesorios eléctricos que dependen de la energía del vehículo.
Esta combinación eleva la carga sobre las baterías justo cuando su capacidad puede verse reducida por factores climáticos. Como consecuencia, se generan ciclos de descarga más frecuentes, mayor uso del motor, mayor consumo de combustible y un incremento en los costos de mantenimiento.
Además, temporadas prolongadas de calor o frío pueden afectar directamente la rentabilidad de las operaciones, al provocar reemplazos anticipados de baterías, más llamadas de servicio y posibles interrupciones en la cadena de frío.
Energía solar como apoyo a la eficiencia
Ante este panorama, el sector logístico ha comenzado a explorar soluciones energéticas complementarias que permitan reducir la dependencia del motor y mejorar la gestión energética de las unidades.
Entre estas alternativas destacan los sistemas de energía solar diseñados para operar incluso con bajos niveles de radiación. Estas tecnologías ayudan a mantener cargadas las baterías y a alimentar accesorios eléctricos sin aumentar el consumo de combustible.
Según Gómez, estas soluciones no reemplazan a los sistemas de refrigeración, pero sí contribuyen a estabilizar la operación. “Las soluciones de energía renovable aplicadas al transporte refrigerado permiten estabilizar la operación. No se trata solo de ahorro, sino de continuidad operativa y protección de los activos”, explicó.
Beneficios operativos y financieros
La integración de fuentes energéticas complementarias también tiene impactos directos en la eficiencia operativa de las flotas. Entre los principales beneficios se encuentran:
. Mayor vida útil de las baterías al evitar ciclos de carga irregulares.
. Reducción de reemplazos prematuros y costos de mantenimiento.
. Menos interrupciones operativas y llamadas de servicio.
. Mayor estabilidad en condiciones climáticas adversas.
Sustentabilidad que impulsa la competitividad
En un entorno donde la trazabilidad, la confiabilidad y la sustentabilidad son cada vez más valoradas por clientes y reguladores, la eficiencia energética se ha convertido en un factor estratégico para las empresas de transporte.
Reducir el consumo de combustible, disminuir emisiones y optimizar el uso de recursos no solo fortalece la logística en cadena de frío, sino que también mejora el desempeño financiero de las flotas.
“La eficiencia energética ya no es un valor agregado; es un estándar que define quién puede operar de forma sostenible en el largo plazo”, concluyó el directivo de Thermo King.





