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El enemigo del frío no está en el almacén, está en la calle: por qué la última milla rompe la cadena

Diseñar una cadena de frío perfecta en el papel es fácil; el problema aparece cuando el camión sale a la calle. Tráfico que detiene el motor una hora, puertas que se abren y cierran en cada entrega, esperas en muelles sin sombra, conductores que apagan la unidad para ahorrar diésel. Esa variabilidad operativa —no el equipo— es la que dispara las desviaciones térmicas y condena a la basura vacunas, biológicos o alimentos que valen fortunas. El mercado de cadena de frío farmacéutica camina hacia 9,600 millones de dólares en 2035 y hoy más del 85 % de los biológicos exigen frío; el margen de error es cero.

Kryotec, con 29 años encima, vio que los modelos tradicionales se quedan en la teoría y armó un modelo end-to-end que vive en la operación: califica infraestructura, mapea térmicamente, valida empaques, certifica flotas, monitorea en tiempo real, entrena al personal y audita postventa. Todo pensado para que el control no se evapore cuando la ruta se tuerce. Carlos Humberto Infante y Loya, fundador y presidente del Consejo, lo resume sin rodeos: «El mayor riesgo no es visible en el diseño, sino en la operación diaria». Su apuesta es que la tecnología y los procedimientos aguanten el golpe de la realidad —tráfico, esperas, aperturas, clima— y la mercancía llegue intacta. En logística sensible, la cadena de frío ya no es un componente técnico; es el KPI que define si ganas o pierdes cliente.