Cuando tienes las llaves de una Isuzu D-MAX DX, ya sabes a lo que vas. Es una herramienta de trabajo puro, pero este modelo en particular no se ve tan austero como uno esperaría en una pick-up utilitaria. El tono gris metálico la hace espectacular y los rines de aluminio de 18 pulgadas, junto con los cromos en manijas y espejos, le dan esa apariencia de un vehículo exclusivo de flotilla, robusta, como buena camioneta con herencia de camión y la resistencia para cualquier reto.
Echando un ojo a la batea antes de subir, se agradece que venga preparada de fábrica. Trae el recubrimiento protector en toda la caja, por lo que no hay que preocuparse por rayar la lámina al alojar herramienta o material pesado. Los estribos laterales son un acierto, ya que no se requiere tanto esfuerzo para ingresar a la cabina o bien acceder a la zona de carga.
Dentro de la cabina cuentas con muy buena visibilidad del camino. Al arrancar, el sonido clásico del motor no te deja olvidar que traes un diésel bajo el cofre. Monta el bloque 3.0 Ddi turbo y vaya que se nota. Tiene un empuje extraordinario en bajas revoluciones, impulsando la pickup sin problema alguno aún cuando la carga sea pesado o toque arrancar en una subida pronunciada. Ya encarrerados en ruta se siente segura, la suspensión es firme y filtra bien los baches y las irregularidades del camino, en tanto que la dirección responde con la precisión necesaria para dar confianza al maniobrar.
Al terminar el recorrido, la D-MAX DX te deja claro que puedes tener la fuerza necesaria para el trabajo pesado sin sufrir en los trayectos diarios. Al ser doble cabina, puedes llevar a tu equipo o a tu familia con buen nivel de comodidad, lo que la vuelve una opción súper aguantadora, versátil y lista para el terreno que le pongas enfrente.






