Toyota entiende que la aventura ya no vive solo en el fin de semana. Ahora empieza con una junta que se alarga, sigue con una escapada espontánea y termina en una pista de terracería donde el asfalto se rinde. La 4Runner HEV nace para ese ritmo: una sola SUV que resuelve el traqueteo urbano y el camino roto sin pedirte que cambies de coche ni de mentalidad.
Bajo el capó late el sistema i-Force MAX: 2.4 litros turbo más motor eléctrico, 326 caballos y 465 lb-pie de torque gestionados por una automática de 8 velocidades y tracción 4WD. La ficha técnica promete hasta 13.07 km/L en la Limited y 12.46 km/L en la TRD Pro —cifras que antes eran impensables en un chasis de esta estirpe— y una capacidad de arrastre de 2,722 kilos con 515 de carga útil. Traducción: la casa de campaña, las bicis, el remolque y la nevera caben sin drama.
Cuando el terreno se pone feo, la electrónica deja de ser adorno. Crawl Control dosifica el freno y el acelerador para que tú solo gires el volante; Multi-Terrain Select ajusta tracción y respuesta según arena, roca o lodo; el Monitor Multi-Terreno te muestra qué pisan las ruedas antes de que lo sientas en la columna. Dentro, la pantalla de 14 pulgadas, CarPlay y Android Auto inalámbricos, audio JBL, cargador Qi y puertos USB-C mantienen la rutina conectada, pero el giro de tuerca llega con la bocina Bluetooth extraíble y la toma de 2,400 vatios: enciendes luces, calientas la cena o cargas el dron en medio de la nada.
La seguridad no negocia: Toyota Safety Sense completo —pre-colisión, mantenimiento de carril, crucero radar, luces altas automáticas—, ocho bolsas, monitor de punto ciego, alerta de tráfico cruzado, sensores y cámara 360°. Dos personalidades, una base: la TRD Pro HEV monta amortiguadores FOX, protecciones metálicas y llantas All-Terrain para quien busca el límite; la Limited HEV privilegia el confort y la sofisticación sin renunciar a salir del mapa. Ambas comparten el ADN híbrido y la promesa de que, sea cual sea el plan de hoy, la 4Runner está lista para el de mañana.





