Iván Espinosa pisó por primera vez una planta de Nissan en México hace más de dos décadas; hoy vuelve como presidente y CEO global de la compañía para soplar las 65 velas de una operación que ya no es filial, es columna vertebral. Cuarta mayor productora del grupo en el mundo, 17 millones de unidades acumuladas, 18 años seguidos liderando el mercado mexicano y un 18 % de cuota que ni las crisis ni la competencia han roto. “México no es solo parte de nuestra historia, es actor crítico de nuestro futuro”, dijo Espinosa frente a los directivos y la red de distribuidores ANDANAC, que también cumple 60 años.
La fiesta tiene motor: dos plantas de ensamble y una de tren motriz en Aguascalientes y Cuernavaca que exportan Versa, Sentra, Kicks, March y Frontier/NP300 a América, Oriente Medio y más allá. El último año fiscal cerró con 276 mil unidades vendidas en el país, creciendo 6.8 % mientras la industria apenas arañó el 1.4 %. Pero la mirada está puesta adelante: 11 lanzamientos solo en 2026 —Versa, Sentra, Pathfinder, X-Trail, el nuevo KAIT y el X-Trail e-POWER e-4ORCE, más tres Infiniti (QX80, QX60, QX65)— y la promesa de que para 2027 toda la gama se renueve con seis modelos extra y tres tecnologías electrificadas adicionales al e-POWER, que ya supera 40 mil unidades en Latinoamérica.
Rodrigo Centeno, presidente de Nissan Mexicana e Infiniti, lo resume: “Confianza de seis décadas + manufactura de clase mundial + innovación = plataforma estratégica global”. La meta regional es clara: 500 mil ventas en Latinoamérica para el año fiscal 2027, con México y Brasil tirando del carro y una producción regional superior a 755 mil vehículos. Mientras tanto, el mexicano que empezó en una línea de ensamble hoy firma los cheques desde Tokio. Cierre de círculo perfecto.





