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Crisis estructural en el transporte público: un modelo que ya no responde a las ciudades modernas

El transporte público en México atraviesa una crisis profunda que va más allá de la falta de unidades o infraestructura; se trata de un modelo de negocio agotado que no logra adaptarse a la complejidad de las urbes actuales. Así lo advirtió Jesús Padilla Zenteno, presidente de Grupo CISA, durante el Foro Latinoamericano de Autoridades de Movilidad, donde señaló que el sistema actual genera una tensión constante entre el gobierno, los transportistas y los usuarios.

Uno de los puntos más críticos señalados es el fenómeno del cuello de botella que provoca la discusión de las tarifas. El esquema vigente pretende que el costo del pasaje cubra por sí solo la operación, el mantenimiento, los salarios y la renovación tecnológica, lo cual resulta financieramente insostenible. Esta presión económica no desaparece, sino que se traduce en un deterioro progresivo del servicio que termina alejando a las personas de los sistemas formales de transporte.

Como ejemplo de esta realidad, Padilla Zenteno reveló que el Metro de la Ciudad de México ha perdido el veinte por ciento de su demanda desde el inicio de la pandemia. De mover cinco millones de pasajeros diarios, la cifra ha caído a cuatro millones, debido en gran medida al incremento en el uso de motocicletas y otras modalidades alternativas. Este desplazamiento de usuarios refleja que el transporte público ha dejado de ser la opción preferente debido a la falta de incentivos y de una visión integral que lo posicione como una verdadera política de Estado.

El diagnóstico presentado ante autoridades y especialistas destaca que, durante décadas, se fomentó el modelo de concesión individual, conocido como hombre-camión, el cual es ineficiente ante las altas exigencias técnicas, fiscales y ambientales de hoy. La transición hacia empresas formales ha evidenciado que los costos de nómina, impuestos y financiamiento representan hasta el cuarenta por ciento del total, una carga que difícilmente se puede solventar sin modelos conjuntos de revisión operativa.

Finalmente, el presidente de Grupo CISA hizo un llamado a construir soluciones que no sean solo parciales. La propuesta es consolidar sistemas eficientes y sustentables a través de una responsabilidad compartida entre autoridades y concesionarios. Solo con una visión de largo plazo y claridad estratégica será posible devolver al transporte público su papel como un activo estratégico y un mecanismo de democratización urbana que ofrezca condiciones dignas de desplazamiento para todos.